viernes, 25 de mayo de 2012

La Arrephoria

Escena del friso del Partenón. 447-433 a.C. British Museum.
A la izquierda vemos a las dos Arrephoroi.
Durante la Arrephoria, dos muchachas de entre siete y once años eran escogidas por el Acronte Basileo de entre las nobles familias de Atenas. Estas niñas vivían durante un año entero en el templo de  Atenea Polias, jugando, sirviendo y tejiendo el peplo de la diosa Atenea. Eran llamadas las Portadoras de las Ofrendas Sagradas, las Arrephoroi. Cuando llegaba esta festividad, debían portar unas cestas que contenían objetos sagrados hasta el santuario subterráneo de la diosa, el Arrephorion. Ellas no sabían cuál era el contenido de las cestas y no debían tratar de averiguarlo bajo ningún concepto. Durante la noche, vestidas de blanco, andaban por un paso subterráneo que circundaba la ciudad y sus edificios periféricos, entre ellos los Jardines de Afrodita. Una vez llegaban al santuario,  los sacerdotes y sacerdotisas allí presentes variaban el contenido sagrado de las cestas. Las muchachas volvían a ignorar el contenido y las llevaban de vuelta al templo de la Acrópolis. Cuando las doncellas habían realizado esta hazaña correctamente, quedaban libres del servicio a la diosa, y otras muchachas novicias, ocupaban ahora su lugar.

Durante mucho tiempo se ha creído que las niñas iban al templo situado en los Jardines de Afrodita, y que traían cosas de este templo de vuelta a la Acrópolis. Pero en 1980 se descubrió la cueva templo de Aglauro, el Arrephorion verdadero. Al reconstruir el camino de las muchachas se ve claramente que pasan por el lado de los Jardines de Afrodita, pero su objetivo final es otro.

Lo que las cestas contenían sigue siendo un misterio. Se dice que portaban aceite de oliva, lana, serpientes vivas o pastelitos en forma de falo. Otros dicen que las muchachas llevaban el peplo de la diosa que se había empezado a tejer durante las fiestas dedicadas a Hefestos. Según Anita Hart, el contenido no era realmente importante, ya que el tema principal del ritual era que las niñas ignorasen el contenido de las cestas. Este ritual era una representación del mito de las hijas de Kekrops, en el que ellas desobedecen a Atenea. Pero esta vez, las niñas obedecían el mandato, y a través de ellas todo el pueblo ateniense se reconciliaba y quedaba en buenos términos con su diosa patrona.

Según el mito, Kekrops tenía tres hijas llamadas Herse, Aglauro y Pándroso. La diosa Atenea les deja una cesta cerrada que contenía a Erictonio, y les pide que no la abran. Erictonio es el hijo adoptado de Atenea, a quien la diosa oculta del resto de dioses y pretende hacerlo inmortal. Pero Herse y Aglauro no pueden reprimir su curiosidad y abren la cesta, viendo a Erictonio protegido por serpientes, o como en otra versión se narra, siendo él mismo mitad niño y mitad serpiente. Como castigo la diosa las hace enloquecer y caen o se lanzan desde la parte más escarpada de la Acrópolis. Cuando Erictonio alcanza la madurez, se convierte en rey de Atenas (de origen micénico), y a través de su descendencia la diosa aseguró su linaje entre los mortales y la lealtad de los pueblos del Ática.

El descenso ritual de las dos muchachas durante la Arrephoria describe la muerte de Herse y Aglauro. La tercera hermana, quien obedeció a Atenea, siguió con vida. Por éste motivo se cree que lo importante durante el ritual es ignorar el contenido de las cestas, obedecer a la diosa, vencer la terrible curiosidad que acosa a las niñas. La vuelta de las cestas a la Acrópolis simboliza el renacimiento y restablecimiento de la alianza con Atenea. Esta muerte y renacimiento son partes cruciales de un cambio de ciclo, del final del año y el inicio del siguiente.

La Arreforia es un festival dedicado a Atenea como patrona de Atenas realizado por los atenienses. Lo importante era realizar un ritual para quedar en buenos términos con la diosa patrona de la ciudad. Durante esta festividad podemos averiguar qué dios o diosa es el patrón del lugar que nosotros habitamos y realizar un ritual para también quedar en buenos términos con ellos. Realizar un descenso para dejar atrás nuestra ignorancia respecto a su existencia o para deshacernos de una mala praxis puede ser un punto de partida. Después del ascenso, montar un altar para honrar a los dioses de nuestra zona y un ritual de bienvenida, restableciendo o fortaleciendo nuestra relación y fe en ellos, también puede ser otro buen punto de partida. Es importante tener en mente que este ritual se realizaba cuando la luna estaba creciendo, así que el énfasis está en el crecimiento de la relación entre nosotros y los dioses patrones. También podríamos incluir a los dioses que nos guían de una forma más íntima, nuestros dioses tutelares. E incluso a los dioses del hogar que guían y velan por nuestra familia. Lo importante es restablecer o crear buenas alianzas.


Fuentes:

http://sites.google.com/site/hellenionstemenos/Home/festivals





lunes, 21 de mayo de 2012

El final del año ateniense

Según el calendario Ático, Skirophorion es el último mes lunar del año. Como en muchas otras culturas y religiones, para los griegos los inicios estaban relacionados con la llegada de la oscuridad, y es a partir del solsticio de verano cuando las horas de luz solar empiezan a menguar. Si a ésto le sumamos que en el Mediterráneo en verano la tierra se seca, se agostan las plantas, las lluvias disminuyen, y que el exceso de calor dificulta la actividad diaria, no es de extrañar que vieran en el verano el inicio del deceso, y por lo tanto el inicio del año.

Talo y Carpo, primavera y otoño respectivamente, eran las estaciones primarias que dividían el año en dos. En Creta, durante el periodo minoico, estas dos fases del año estaban representadas por el grifo, un ser con cabeza de águila y cuerpo de león. Posteriormente, el grifo empezó a tener otros significados, y las estaciones pasaron de ser dos a ser tres: Talo, Auxo y Carpo, representadas por la quimera, compuesta por el león, la cabra y la serpiente. Pero sigamos con el tema central y dejemos esto para otra ocasión. El calendario ateniense nos muestra la importancia que daban a los solsticios y las lunas llenas cercanas a ellos. Durante la luna llena anterior al solsticio de verano se realizaban importantes rituales para el cambio del año, pero era cerca del solsticio de invierno, que cada dos años se introducía un nuevo mes para que el ciclo solar y lunar pudiesen sincronizarse. El Gran Año (entre 7 y 8 años simples) estaba marcado por la luna oscura durante el solsticio de inverno coincidente, seis meses después, con la luna llena durante el solsticio de verano.

Durante este último mes del año, los atenienses celebraban tres festividades principales: Arrephoria, Skirapohoria y Dipolieia.

La  Arrephoria es una festividad realizada el tercer día de este mes lunar, el día después del Agathos Daimon, y estaba dedicado a Atenea, patrona de Atenas. La intención de la festividad era buscar la reconciliación del pueblo con su diosa patrona, finalizar el año quedando en buenos términos con la diosa a través de la representación ritual y mistérica de un mito. En este mito dos sacerdotisas de Atenea desobedecen su mandato, y durante esta festividad dos sacerdotisas también de Atenea enmendan lo que sus antiguas predecesoras no hicieron, y esta vez obedecen a la diosa.

Skiraphoria, celebrada el doceavo día del mes, es una festividad de reconciliación entre dioses y pueblos vecinos que tiene lugar el primer día de luna llena. Una sacerdotisa de Atenea, un sacerdote de Poseidón y otro de Helios, caminaban juntos desde Atenas hacia Eleusis, sin llegar a la ciudad. Se paraban a mitad de camino, donde había el Skiron, el lugar donde se sembró el primer campo. Desde Eleusis descendían los sacerdotes y sacerdotisas de Deméter y Perséfone, patronas de ésta ciudad. El festival celebrado en el Skiron coincidía con la cosecha del trigo y la cebada, y era una festividad que pertenecía al ciclo agrícola. Los pueblos de Eleusis y Atenas se unían para celebrar juntos la Skiraphoria junto a los dioses y diosas patronas de ambas ciudades.

La Dipolieia, el catorceavo día del mes, es un festival dedicado a Zeus, quien gobernaba por encima de todos los dioses. Era importante que todo el pueblo estuviera en buenos términos con el gran dios del Olimpo. Así que durante el último día de luna llena se traían diferentes toros delante del altar donde habían granos de trigo y cebada. El primer toro que comía del altar era el escogido para ser sacrificado a Zeus. Estos sacrificios volverán a realizarse el primer día del siguiente mes (Hecatomabion) para dar entrada al nuevo año, serán los primeros sacrificios del año.

El hecho de que Skiraphoria y Dipolieia estén tan juntos en el tiempo y coincidan con la luna llena, me lleva a pensar si en realidad fueron originalmente un grupo de tres festividades celebradas en la última luna llena del año. Sea como sea, la intencionalidad de estas festividades se puede resumir y adaptarse de la siguiente manera (1):

- Arrephoria, festival dedicado a la diosa o dios patrón del pueblo en el que habitamos, o por defecto al dios o diosa que nos guía, que es nuestro patrón. Es momento para renovar nuestros votos o vínculos con ésta divinidad y reflexionar sobre la confianza y la fe depositada en ella. Esta festividad está situada en el tercer día dedicado a Atenea, pero si nuestra deidad no es ésta, podríamos mover la fecha y ajustar el día a uno que sea del agrado del dios o diosa que nos asiste.

- Skiraphoria/Dipolieia se celebra durante la última luna llena del año. Festival dedicado a la siega del cereal, a recoger los frutos obtenidos de nuestro trabajo durante todo el año. Momento de hacer balance entre lo trabajado y recibido. En este ritual podemos tener presente a Deméter, Perséfone, Helios y los dioses de la Arrephoria. Momento de dejar lo viejo atrás y abrazar lo nuevo. ¿Qué queremos atraer a nuestras vidas durante el próximo año?¿Qué proyectos queremos alimentar con el cereal segado? También podemos ofrecer una parte de lo obtenido para honrar a Zeus.

Nota:

(1) Esta es la adaptación que yo he hecho para mi propio uso, pero no tiene porqué ajustarse a sus necesidades. Es mejor que cada persona adapte las fiestas según el ciclo agrícola de su zona y su propia manera de vivir las fiestas. En mi caso, la skiraphoria coincide plenamente con la segada del trigo y la cebada de la zona que habito.

Más adelante dedicaré una entrada para cada una de estas festividad, a modo de información e inspiración para poder diseñar nuestros propios rituales festivos.

jueves, 17 de mayo de 2012

El Cuervo

Daimon del Cuervo
Los daimons (espíritus) de la naturaleza más conocidos en el mundo griego son las ninfas, las dríadas, los daimons del hogar, los sátiros... Pero hay otros daimons que dejan su rastro en nuestros bosques, y para mi siempre es un privilegio encontrar constancia de su presencia. Hace tiempo encontré al espíritu del cuervo en un árbol caído, y empecé a hacerle ofrendas, primero de forma temerosa, luego con mayor confianza y comprensión.

En el bosque que habito no hay cuervos, pero tiempo atrás los hubo. Qué los hizo migrar o desaparecer es algo que no he resuelto, y quizás tampoco deba resolver. Sencillamente se fueron, pero debieron ser una parte suficientemente importante del bosque para dejar a un daimon aquí. Ahora sólo hay cuervos marinos, que no son de la familia de los córvidos, aunque el nombre popular pueda sugerirnos algún tipo de parentesco.

Con el tiempo me he dado cuenta de que no fui yo quien lo descubrí, sino que fue él quien se dejó descubrir por mi. El sólo hecho de dar con él portaba un mensaje, aunque yo no estuviera preparada en esos momentos para escucharlo o entenderlo. Ahora sé que el cuervo es una animal que forma parte de mi ser. El cuervo significa muchas cosas para mi, y cuanto más estoy con él, más significados y matices aprendo, más le conozco y más me conozco a mi misma.

El cuervo me ayuda en mi trabajo con los espíritus, el inframundo y la adivinación. El cuervo me enseña cómo actuar en situaciones concretas, qué sendero escoger, cuando volar o cuando mantenerme inmóvil en un sitio, cuando dejar brillar mis plumas y cuando ocultar su azulado reflejo. El cuervo, sin duda, es uno de mis guías y un gran compañero de viaje.

 

lunes, 14 de mayo de 2012

Hestia, la llama sagrada



Hestia, pintura en un kylix del s.V a.C.
Museo Nacional de Tarquinia
Hestia era la mayor de todos los dioses olímpicos. Fue la primera en nacer del vientre de Rea, y por lo tanto era su primogénita. También fue la primera en ser engullida por Cronos, su padre, que temeroso al saber que uno de sus hijos le derrocaría, había decidido comérselos a medida que nacían para evitar su trágico destino. Pero aquello que las Moiras tienen reservado tanto para los mortales como para los dioses, es inevitable. Así que Zeus, consiguió escapar de las fauces de su padre, y además consiguió que éste regurgitara a sus hermanos mayores. Los hijos de Rea salieron por orden inverso del que fueron engullidos, y Hestia, que fue la primera en ser tragada, salió la última. De aquí la frase "Hestia, siempre la primera y la última".

Las hijas de Rea fueron, por orden de nacimiento, Hestia, Deméter y Hera. Pero en su segundo nacimiento, con el regurgitar de Cronos, el orden cambia de forma muy significativa, y Hera pasa de ser la hija pequeña a ser la primogénita, la primera en salir de la tripa de Cronos, la escogida de entre las hermanas para gobernar al lado de Zeus. Con los hijos pasa lo mismo, y el pequeño Zeus, convertido en salvador de sus hermanos, acaba por asumir el trono que le correspondería a Hades, el verdadero hijo mayor. Es interesante observar como Hades y Hestia son dioses relacionados con los fuegos sagrados. Mientras a Hades se lo relaciona con el fuego del Inframundo, Hestia cuida del fuego del Olímpo.

El nombre Hestia significa "hogar", y en la antigüedad esto hacía referencia al fuego central de la casa y a la propia casa (oikos). Este fuego servía para preparar la comida, prender las antorchas y las lámparas de aceite, dar calor a la família, realizar determinados rituales y ser el lugar de culto de la diosa. Era un fuego de naturaleza femenina que ordenaba la vida doméstica y le confería un sentido sagrado. Hestia también es considerada la patrona de la construcción de las casas familiares y de los templos. Ella velaba por la armonia familiar, y haciéndolo más extensivo, por la armonia de la polis. El prytaneum es el lugar donde reside el fuego de Hestia en la polis, el centro religioso y político, y este fuego simbolizaba la vitalidad y unidad del pueblo.

Hestia juró a Zeus mantenerse virgen. De este juramento podemos deducir que ella no era tierra fértil en la cuál sembrar la semilla, por ello Zeus, aún siendo el mayor de los dioses fertilizadores, la ayudó siempre a mentenerse vígen. Apolo y Poseidón intentaron ser sus consortes, pero ambos fueron rechazados. Príapo intentó violarla, pero tampoco se salió con la suya. Así que el fuego de Hestia no es el fuego de la pasión que precede a la fertilización, el fuego de Hestia es el mismísimo fuego de la Vida (zoé) que sostiene a todos los demás fuegos, es el fuego primordial, incluso algunos mitógrafos dicen que representaba al fuego que se halla en el centro de la Tierra, o incluso el fuego que se encuentra en el centro del Universo.

Hestia, como llama de la Vida sin la cual nada puede existir, está presente en todos los rituales y actos sagrados, ya sea en la intimidad familiar como en las grandes fiestas de la polis. Ella recibe siempre la primera libación y ofrenda, siendo sus más conocidas las terneras de un año de vida, simbolizando así su virginidad, fruta, cereal, agua, vino y aceite. Su fuego ardía de forma perpetua, no podía apagarse, y si ésto sucedía siempre era señal de malos augurios. El fuego de Hestia no podía ser encendido de cualquier manera, se realizaba un ritual especial y volvía a prenderse por el método de encendido por fricción o por el método solar concentrando sus rayos en un punto.

Cuando una pareja se casaba, la madre de la novia, con una antorcha encendida en el fuego de su hogar, iba junto a la procesión nupcial hasta el hogar de su hija, y allí prendía el fuego por primera vez, como continuidad del hogar familiar. Este fuego pertenecía a la mujer de la casa, y no al marido. De la misma manera, el fuego que se encendía en el prytaneum de una nueva colonia, era traído del prytaneum de la polis de los colonizadores, simbolizando su unión como pueblos y continuidad. Otro ritual donde el fuego de Hestia está involucrado, es el dedicado al recién nacido, donde el padre lo cogía en señal de aceptación y daba tres vueltas alrededor del fuego del hogar con el niño en brazos. Así lo presentaba a los dioses del hogar, siendo Hestia la primera, y dándole seguidamente un nombre delante de todos los familiares.

Hestia es una diosa que vive en la intimidad de cada familia y pueblo, no se inmiscuye en los asuntos entre dioses y mortales, es una diosa discreta, silenciosa, casi invisible, pero sin ella nada es posible, nada puede vivir. Su llama alimenta la sacralidad de la Vida. Por este motivo, el encendido de su llama es lo primero que se hace en un ritual, pues sin ella el ritual no podría existir, o no alcanzaría a estar del todo Vivo. La llama de Hestia también vive en nuestro interior, y nos enseña que todo a nuestro alrededor es sagrado.


Fuentes:

Teagonía, Hesíodo.
La vida cotidiana en Grecia y Roma, Ian Jenkins
http://www.theoi.com/Ouranios/Hestia.html


miércoles, 9 de mayo de 2012

Artemisa y Apolo, origen y nacimiento

Leto recibiendo a sus hijos Apolo y Artemis
Artemisa y Apolo son hermanos gemelos, hijos de la titánide Leto y del dios Zeus. Leto era la principal diosa de Licia (Anatolia), y su culto llegó a Grecia a través de Creta. Fue en esta isla donde se hallaron unas imágenes de la tríada formada por Leto, Artemisa y Apolo en un templo del hogar, fechado aproximadamente entre los siglos VIII-VII a.C.

Los padres de Leto son el titán Ceo, la inteligencia, y la titánide Febe, relacionada con el brillo y la luna. Febe era quien regía el oráculo de Delfos, que posteriormente cedió a su nieto Apolo. En Leto se reune la inteligencia como atributo masculino por parte de padre y la intuición (brillo) lunar como atributo femenino por parte de madre. Leto da a luz a Apolo, quien encarnará a la inteligencia solar y a Artemisa, que hereda la tradición lunar. A través de su padre Zeus, estas fuerzas primordiales aseguran su continuidad en el Olimpo a través de la siguiente generación de dioses. También es interesante mencionar a Asteria (estrella), la hermana de Leto, quien tendrá un papel decisivo en el nacimiento de Artemisa y Apolo, además de ser la madre de Hécate.

Al igual que su madre Leto, el origen del culto a Apolo lo hallamos en Anatolia, donde en la edad de bronce antigua (1700-1200 aC) su nombre era Aplu y estaba asociado a las plagas, de aquí deriva su epíteto esmínteo, Señor de los ratones, portadores de plagas y enfermedad. Con el tiempo, se fusionó con el dios minoico-micénico Peán, el sanador. Ahora, el mismo dios que traía la enfermedad podía curarla. La palabra Peán también acabó por describir a las canciones ofrecidas a Apolo en busca de protección contra la enfermedad, o como ofrenda por la sanación recibida, y así era venerado también como dios de la música. La profecía de Apolo, en un primer momento estaba relacionada con el desenlace de la enfermedad, y progresivamente se extendió a todas las áreas de la vida.

En el nombre de la diosa Artemisa no se encuentra una clara etimología griega. Su origen está confirmado en las tablillas micéncas de Pilos (lineal B) del s. XIII a.C. como a-ti-mi-te o a-ti-mi-to. En su paso por la isla de Creta la encontramos como Ptonia Theron o Señora de los Animales, un atributo de la diosa que puede remontarse hasta el neolítico, aunque las pruebas son escasas y no puede ser asegurado con certeza. Artemisa es una diosa de los bosques, los animales salvajes y la caza, atributos que encajan muy bien con una Señora de los Animales. Al igual que su hermano Apolo, también aliviaba las enfermedades, pero sólo a las mujeres. Como diosa de los partos, absorbe parte del papel de Ilitia (diosa comadrona cretense) al verse obligada a ayudar a su madre durante el nacimiento de su hermano Apolo.

El nacimiento de Artemisa y Apolo estuvo dificultado por Hera, que al descubrir que Leto llevaba en el vientre a los hijos de su marido Zeus, le prohibió dar a luz en tierra firme o en el continente, y recibir ayuda alguna, incluyendo el auxilio de Ilitia. Leto se refugió en la isla flotante de Ortigia, rodeada de cisnes, que al no estar sujeta al suelo marino era una isla errante, y por lo tanto no incumplía el mandato de Hera en lo referente a la tierra firme o al continente. Llegó el momento del parto, y Leto empezó a tener dolores, pero sin la ayuda de Ilitia el alumbramiento no acababa de arrancar. Nueve días después, los dioses se compadecieron de Leto y decidieron intervenir, dejando nacer a Artemisa, en el sexto día del mes llamado Targelion. Un día después Artemisa ayudó a su madre a dar a luz a su hermano Apolo. Por ello, todos los días 6 y 7 de cada mes lunar están consagrados a Artemisa y a Apolo respectivamente, y para conmemorar su nacimiento cada año se celebran las Targelias en su honor.

En realidad, Ortigia era la hermana de Leto, Asteria, quien huyendo del acosador Zeus, se transformó en codorniz y se lanzó al mar, convirtiéndose en isla y futuro refugio y lugar de parto de Leto. Después de dar a luz, la isla Ortigia quedó fija en el mar, y su nombre cambió por el de Delos, que significa brillante. Tanto Delos como Delfos, fueron los dos lugares de culto más importantes e influyentes de Apolo.

Los nueve días de total soledad de Leto, soportando los dolores en una isla errante, nos recuerdan mucho a los nueve días que estuvo Odín colgado del árbol de Yggdrasil, sólo que en vez de traer al mundo runas, trajo a dos divinos gemelos, ambos con sobradas facultades oraculares y chamánicas o iatrománticas. La isla flotante es un lugar liminal: Leto pisa tierra firme debajo de sus pies, pero ésta se mueve por el ancho mar. Es una tierra que no es tierra, puesto que en realidad es su hermana. Está rodeada de cisnes, protegida por ellos, de hecho, es la isla de los cisnes, y estos animales simbolizan la iniciación, otorgan la profecía y promueven estados alterados de conciencia. Por otro lado, el cisne está asociado a Zeus (quien se transforma en este animal para seducir a Leda), y por lo tanto podríamos ver aquí una protección ejercida por el dios para que Leto pudiese llevar a buen término el parto de sus hijos. Artemis se representa a veces acompañada de cisnes, y el carro de su hermano Apolo es tirado por estas magníficas aves.

El hecho de que la isla sea en realidad Asteria, quien está muy relacionada con Nix (la Noche), también nos indica hasta qué punto puede ocultar a Leto de la visión de Hera, y en qué momento se produjo el parto. Este alumbramiento se desarrolla en un lugar característico de Hécate, entre el agua, la tierra y el cielo. De hecho, el nacimento de estos gemelos, se da en un momento específico, entre la retirada del invierno y el llegar de la primavera, durante el mes de Targelion y justo en cuarto creciente, cuando la luna está mitad en sombras y mitad iluminada, de nuevo un tiempo liminal.

Otra hipótesis puede apuntar a que Asteria (estrella) era en realidad un cometa o una estrella errante, que "se lanzó al mar desde el cielo". Como muchos otros nacimientos mísitcos, el recorrido del supuesto cometa Asteria podía señalar el lugar de nacimiento de los gemelos, Ortigia (isla de Delos). Si esto fuese así, un acontencimiento astronómicamente anunciado, el nacimento de Apolo y Artemisa, debía suponer algo grende, como la llegada de los herederos a los tronos celestes anteriormente ocupados por Ceo y Febe o Helios y Selene, o incluso siendo más atrevidos, al trono de Zeus y Hera.

Desde que Leto empieza a surfrir dolores de parto hasta que nace Artemisa, transcurren nueve días. Si sabemos que el día del nacimiento de la diosa es el sexto por recuento lunar a partir de Noumenia, podemos ver que Leto se puso de parto durante la luna oscura, de nuevo un tiempo governado por Hécate. En mi opinión, no es descabellado pensar que este nacimiento nos esté describiendo algún tipo de iniciación ancestral, guiada por la diosa de las encrucijadas en cuanto a tiempo y sostenida por su madre Asteria en cuanto a lugar.

Artemisa nació nueve días después de que la iniciación-parto de Leto empezara. El 9 es un número relacionado con la luna, que coincide plenamente con el área de influencia de Artemisa. Por otro lado el número 10, que hace referencia al alumbramiento de Apolo, significaba para los griegos la totalidad del Universo, la década, representada por los pitagóricos por la suma de 1+2+3+4 en el Tetraktys. El 10 era el inicio y el final al mismo tiempo, así que con el nacimiento de Apolo se acababa una etapa y empezaba otra. Por esto, durante el día dedicado a Artemisa en las Targelias, se hace énfasis en "terminar", expiar y desterrar para que otra cosa pueda nacer. Mientras que el día siguiente está consagrado a los inicios a través de Apolo.

Fuentes:
La sociedad micénica. Massimiliano Marazzi.
Huesos, piedras y estrellas. Chris Turney.
Enciclopedia de los símbolos. Udo Becker.
http://www.theoi.com
http://es.wikipedia.org

viernes, 4 de mayo de 2012

Ofrendas I - Libaciones

Heracles sosteniendo un kylix en el que
Atenea vierte una libación con un oinochoe.
En la tradición griega, las ofrendas son un aspecto muy importante de la práctica ritual. En términos generales se pueden dividir en dos tipos de ofrendas básicas; las ofrendas votivas y los sacrificios. La diferencia entre ambas reside en que las ofrendas votivas son regalos para los dioses, mientras que los sacrificios son algo, normalmente consumible, que se comparte con los dioses. Las ofrendas responden a la necesidad de devolver parte de lo que los dioses nos han dado, estableciendo así una relación de reciprocidad y gratitud.

Las libaciones son un forma de sacrificio, algo que se comparte con las divinidades presentes en el ritual. Estas se derraman normalmente en el suelo o sobre un receptáculo ubicado en el altar. Las libaciones realizadas directamente en el suelo se dedican a los dioses ctónicos o a los ancestros, mientras que las que se realizan en el altar son para los dioses que habitan el Olimpo. Estas últimas también pueden derramarse sobre el fuego, para que el vapor que producen se eleve y lleve la ofrenda hasta los dioses. Las libaciones alcohólicas sobre fuego deben ser hechas con mucho cuidado, ya que el fuego crece súbitamente a consecuencia del alcohol. Las cenizas de estos fuegos eran consideradas sagradas, y a menudo, la acumulación de estas cenizas conformaba el propio altar. También se realizaban libaciones sobre los animales que iban a ser sacrificados.

El tipo de libación que se realiza para los muertos y los dioses ctónicos se llama Choai, y se vierte de golpe en el suelo, volcando rápidamente el recipiente que la contiene. La Choai se realiza tres veces; en la primera libación se ofrece miel sola o mezclada con agua o leche, en la segunda aceite y en la tercera vino. Otra opción es ofrecer miel pura, leche y vino. La miel está asociada a los dioses y a la inmortalidad. La leche se relaciona con la maternidad, la capacidad nutricia y generadora de vida. La mezcla de leche y miel se llama melikraton, y es una libación para todo tipo de divinidades, aunque se popularizó su uso para honrar a los ancestros. Cuando el aceite se liba sobre una piedra deja una mancha visible por largo tiempo, esta mancha indicaba la sacralidad del lugar, actuaba a modo de unción, la unción como marca sagrada de lo uncido. El vino se asocia a la sangre, la fuerza vital y la espiritualización del ser por tener la capacidad de cambiar el estado de conciencia de quien lo bebe.

Libación sobre fuego. El hombre sostiene
 un phiale mientras la mujer le traspassa
el líquido de la libación desde un oinochoe.
La libación que se realiza para los dioses del Olimpo o los daimones se llama Sponde, y se caracteriza por el vertido controlado del líquido, con gracia, en un receptáculo dispuesto sobre el altar, normalmente un kylix (ver imagen superior) o un phiale (ver imagen de la izquierda). El tipo de líquido que ofrecemos está relacionado con el aspecto del dios a quien se lo ofrecemos. Por ejemplo, la libación por excelencia de Atenea es el aceite de oliva, pero si realizamos una libación apelando a su faceta guerrera será más apropiado ofrecerle vino, o si dedicamos la libación a su faceta virginal, será mejor ofrecer agua pura.
 
El material básico para este pequeño ritual ofertorio es un oinochoe, un kylix o phiale y el líquido que libaremos. El oinochoe es la jarra que contiene la libación, el kylix es un cáliz con dos asas que puede ser sustituido por un skyphos, un vaso con dos asas, y el phiale es una especie de cuenco ancho.  El uso de reproducciones griegas tiene la finalidad de ayudar al practicante a armonizarse con los dioses griegos, así que no se trata de una cuestión principalmente estética, aunque la belleza y la armonía siempre ayudan. Utilizar piezas parecidas de cerámica producida por artesanos locales, puede servir para trazar un vínculo entre la tradición griega y el lugar en el que se habita.

Existen diferentes opiniones sobre si se debe beber parte del liquido antes o después de la libación. Hay quien realiza la libación ofreciendo la mayoría de líquido para los dioses y dejando el trago final para el consumo humano, imitando así el reparto que se hacía con el sacrificio de animales, separando y ofreciendo antes de comer la parte correspondiente a los dioses. Otros lo hacen justo al revés, bebiendo primero aquello que los dioses han concedido, remarcando así que los dioses han sido los primeros en otorgar su don, que los humanos lo aceptan al beber, y que devuelven parte del don a través de la libación como forma de agradecimiento. 

Por último, la libación se acompaña de unas palabras, un pequeño himno en honor a la divinidad, al daimon o a los ancestros. En palabras de Salustio, de su libro Sobre los dioses y el mundo:

"... las oraciones sin sacrificios son sólo palabras, con sacrificios son palabras vivas;
la palabra da sentido a la vida, mientras que la vida anima a la palabra."
 
Fuentes:
Structure and history in greek mythology and ritual. Walter Burkret.
A beginner's guide to Hellenismos. Timothy Jay Alexander.


lunes, 30 de abril de 2012

Targelias 2012

El Eiresione, armado horizontalmente.


El altar está preparado. Las imágenes de Artemisa y Apolo, el vino, las velas, el incienso, el agua y la ramita de romero del khernips para purificar el espacio ritual, un precioso ramo de flores de primavera y las ofrendas que cada cual ha traído. En un lado del altar está el trípode con el brasero para el fuego. En el otro lado, las ramas de laurel, los cordeles, los regalos, las cintas...

Se respira novedad, ilusión y  expectativa.

Encendemos el velón en honor a Hestia. Preparamos el agua del khernips y limpiamos la zona ritual. Luego, realizamos libaciones de vino para Hestia, Artemisa y Apolo, dándoles la bienvenida. Otra libación, esta vez de aceite de oliva, sobre la madera preparada en el brasero, ungida para que realice su función.

Se enciende el fuego en el brasero. Silencio. La madera cruje y las llamas silban al acariciar las ramas secas de pino.

Uno a uno quemamos nuestros muñecos de papel, dejando atrás aquello que ya no podemos arrastrar por más tiempo, expulsando y desterrando de nuestra vida lo que está escrito y cargado sobre nuestros chivos expiatorios. Y luego, para purificar el fuego, quemamos laurel. Todo está hecho, pero el fuego insiste en seguir quemando, sus llamas danzan en nuestros ojos, manteniéndonos centrados en la destrucción y la muerte voluntaria.

Cojemos los palos de laurel, los cordeles y las cintas, los tarritos de vino, miel y aceite, las fresas, los panes, las hierbas. Cada cual va montando su Eiresione, sentados en círculo, en silencio o cruzando frases suaves que se deslizan como la brisa. Este es el hacer que une al grupo. Los Eiresione están acabados. Todos abundantes, todos diferentes. Nos sentimos satisfechos. Dejamos nuestro trabajo en el altar.

Realizamos las libaciones finales, uno a uno, agradeciendo la presencia de los dioses y los dones recibidos. Cada uno es testimonio de las acciones y las palabras del otro; así nos apoyamos, así nos respetamos. La última libación es para Hestia.

Luego rompemos la solemnidad ritual con un ¡Felices Targelias! y nos abrazamos, un abrazo en grupo, y la energía se libera, corre y se expande.

Después de comer salimos a pasear por el bosque. Encontramos restos de plumas y huesos de un cormorán negro, un cuervo marino, seguramente cazado por un zorro. Mientras escribo estas líneas caigo en la cuenta de que el cuervo es el ave sagrada de Apolo, algo que con la emoción del hallazgo a todos se nos ha pasado por alto.

A los dioses, gracias!
A mis compañeros y compañeras de viaje, gracias!
Y al cuervo, por supuesto, gracias!